No me busques más,
no juegues a enredar
con sueños pendientes,
no te escondas detrás
de aquel viejo refrán
que vacila a la muerte.
No negocies la paz,
al marinero atracado,
no permitas jamás
que vuelva a sonar
tu corazón a piano.
No te dejes atar,
no quieras llorar
los llantos de otros,
no pretendas ganar
sin clavarte el cristal
que lloran mis ojos.
No luzcas disfraz,
no sonrías si vas
a tomar la salida,
no endulces con sal
ni pretendas callar
la voz de Sabina.

