Llueven días simples al acabar el verano.
Llueven días simples al acabar el verano,
simples y tramposos.
Como esas tardes desechables
que respiran sin esfuerzo,
capaces de sostener todo
lo que esconde una mirada,
todo lo que nos dice
y no queremos oír.
Como esos aromas de victoria,
azules y fugaces,
envenenada imagen nítida
que nos sacude
haciéndonos creer
que se han borrado
los límites del control.
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