Morir de lejos

 

Hay quien atrapa el instante,

incluso derretido.

Y lo reduce todo a polvo,

a la expresión mínima.

 

Entregándose al vacio,

al cultivo de la ausencia.

Creyendo que asesina

la conjetura que engendra

todo, el dolor.    

 

Pero se equivoca.

 

Nadie concibe con exactitud

el desvanecimiento de los días.

Nadie dijo que con envejecer

bastara para morir de lejos.

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