Caricias en la niebla.

 

Sobrevuela el desencanto

de otro tiempo

y rebota en las cortinas.

 

La escasa luz

recubre la noche

de imágenes salvajes

degollando el asfalto.

 

Entre acto y acto

se desangran las horas

dejando paso

a la sombra del rugido.

 

Presiento el hambre del miedo.

 

El trazo nervioso de tus dedos,

acariciándome,

es el último refugio antes

de la batalla.

 

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