Aún, todavía.

 

Aún, todavía,

cuando te pienso,

tengo la ambición del niño

y su helado de chocolate.

 

Cuando te extraño

en días como hoy,

en días sin demasiado quehacer,

con demasiado tiempo

en el que arrepentirme.

 

Aún, todavía,

podría descolgar el teléfono

y hablarte serenamente,

habiendo estudiado tu esquiva respuesta

y la ira encendida de mi memoria.

 

No ceder a la erosión impuesta

de los años y los cuerpos

que olvidarán sin temblar

quienes fuimos,

a quienes prometimos amar

y odiar eternamente.

 

Aún, todavía,

tendemos a imaginar qué hará el otro

y con quién,

en cualquier instante cotidiano,

en cualquier beso aún extraño

y desatendido.

 

Aún, todavía,

hay preguntas no formuladas

y adioses evitables.

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