Archive for the destino Category

Ahora

Posted in destino, vida, voluntad on junio 20, 2010 by Xavi

Diálogos de papel, mojados,

lenguaje de los pronombres.

Rostros mínimos y desalojados,

sentencias sin exclamaciones.

 

Así llegamos a ahora.

 

Dos puertas con una salida:

el milagro de ser valientes

y de hacernos daño sin anestesia,

o la dictadura de seguir sonámbulos

en la vida que no espera.

Se que estás ahí

Posted in destino, esperanza, vida on junio 8, 2010 by Xavi

 

 

Si eres del aire

y estas tan lejos del cielo,

si tu cuerpo es un rumor húmedo

que avanza siempre hacia el sur,

 

Si estallas en cada paso

y tu boca sonríe con azules,

si sólo haces preguntas

que desafían a la exactitud,

 

Deberíamos encontrarnos.

 

Si adelgazas las horas

bailando en círculos,

y te olvidas de respirar

la vida a ratos,

 

Si has visto morir horizontes

en colinas desnudas,

y te encanta bañarte

en mares sin faro,

 

Deberíamos encontrarnos.

 

Se que estás ahí,

entre los colores y las sombras,

a un metro de mañana.

Escucho como explotan

las burbujas al acercarte,

el sonido fiel del corazón

cuando sonríe.

Guía del viajero.

Posted in destino, viajes, vida on septiembre 24, 2009 by Xavi

 

Mover el aire,

y esquivar la sombras.

Rendirse al sol

que explota en las olas.

 

Sentir la lluvia

acariciar tu cuerpo.

Cerrar los ojos

y atravesar el fuego.

 

Vivir a latidos

sin pensar demasiado.

Responder con silencios

el ardor del disparo.

 

Agitar la memoria

sin ahogar los sentidos.

Y volver a empezar

cuando te hayas caído.

Hago planes.

Posted in - Relatos -, destino, improvisación, voluntad on julio 2, 2009 by Xavi

Yo siempre hago planes. Hago planes para hoy, para el fin de semana, para las vacaciones de verano, para el día que venga un amigo de Erasmus, para el futuro, para todo.  Tiendo a organizar mi vida, a veces cuando estoy a punto de dormirme , fantaseo con organizar cosas que resultan francamente  imposibles.  Y claro, algunas cosas salen como esperaba, pero la mayoría no. Aunque no me importa, porque creo que hago planes para ver como no se cumplen. Me encanta pasarme el día organizando una cena en una terraza de verano, reunirlos a todos después de interminables negociaciones, y que de repente empiece a llover,  porque luego nos miramos todos incrédulos con cara de circunstancias y nos ponemos a reír. O planificar un viaje a una isla caribeña durante 3 meses  y tener que anularlo todo el día anterior porque alguien se pone enfermo,  porque la semana siguiente,  nace la idea de coger el coche y viajar por el norte.  Supongo que lo que busco en verdad es que me sorprendan, y la forma más fácil para eso es tenerlo todo organizado.

Un clavo no quita otro clavo

Posted in - Relatos -, destino, melancolía, recuerdos on abril 11, 2009 by Xavi

Hay imágenes que no desaparecen nunca. Y quien dice imágenes, dice un olor o un sabor. La mente suele retener en la memoria momentos únicos, instantes que significaron algo importante en nuestras vidas, y que solemos simplificar clasificándolos en felices o tristes. De alguna forma que desconozco, a veces pasa que mi memoria recuerda cosas que de manera consciente no concibo como algo importante. Recuerdo por ejemplo el rostro o nombres de personas de mi colegio que nunca significaron nada para mi, y que algunos incluso no llegue a entablar más de dos o tres palabras. En cambio, recuerdo de una manera amplia y poco nítida mis veranos cuando era pequeño en un camping. Dentro de mí, tengo la sensación de a ver disfrutado mucho, de vivir grandes experiencias, pero no recuerdo muchas de ellas. Es curioso, el grado que tenemos de consciencia e inconsciencia de nuestro recuerdos y el poco poder que ejercemos sobre ellos.

 

Desde que era pequeño, he escuchado muchas veces por parte de mi familia o de algún amigo la expresión “un clavo quita otro clavo”. Es una expresión muy utilizada para dar ánimos algún conocido, un intento de consuelo donde hacemos creer a nuestro allegado, que la mala experiencia por la que esta pasando será remplazada tarde o temprano por otra. En ocasiones, así ocurre y logramos eliminar el recuerdo que deja esa experiencia, pero no es una regla matemática. Hay momentos en tu vida que nunca van a dejar de ser parte de ti, cómo cuando uno rompe una relación con la persona que quiere, con la que comparte cosas importantes, con la que se siente complementado, cuando ese punto de apoyo con el que siempre puede contar desaparece, nada es reemplazable del todo.  Es cierto, que con el tiempo uno aprende a superar estas relaciones, y que la aparición de nuevas personas que llenan espacios sentimentales lo hacen más llevadero, e incluso consiguen en la mayoría de casos seguir adelante. Pero los recuerdos, las experiencias, siguen ahí y permanecen para siempre. Creo que si una relación te ha marcado profundamente, ninguna otra ocupará nunca ese lugar, sino que llenará otro nuevo.

Caprichos del destino

Posted in - Relatos -, destino, soledad, tragedia, vida on marzo 13, 2009 by Xavi

 

 

El aroma rancio del puerto le revolvió el estómago, tuvo incluso un amago de vomitarlo todo. Decidió dar un trago a ver si así se le pasaba, al ver que la sensación desparecía volvía a dar otro trago y así hasta perder la cuenta. Aquel lugar húmedo y solitario servía de excusa para evadirse de su desastrosa existencia. Desde bien pequeño su vida se resumía en fracasos, fue un joven rebelde y cabreado con el mundo, quizás por la injusticia de ver morir tan prematuramente a sus padres se metió con todos y recibo de todos. Cuando conoció a María creyó sentar la cabeza, pero un día se marcho sin avisar y nunca volvió a saber más de ella. A partir de entonces, enlazó una depresión con otra que a la larga le llevó a conocer el tentador camino de la drogas.  La autodestrucción y la dependencia le hicieron hacer cosas horribles que desencadenaron en cinco años de prisión. Aquella etapa de la cual salió milagrosamente fortalecido, le sirvió para intentar encauzar su vida, pero fue tan solo minuto y medio. Ya fuera de la cárcel busco un trabajo para sobrevivir  y ocupar el tiempo, que por desgracia nunca obtuvo, la desesperación volvió hacer acto de presencia y aquel hombre en su enésimo intento de encontrar a si mismo cayó en el alcohol. Con cuarenta años de desgracias a sus espaldas se pasaba las noches bebiendo, sentado en el muelle cerca de los barcos atracados que tenían más luminosidad, le gustaba creer que algún día  María iba a volver, y que él no le recriminaría nada, todo sería como entonces.

Como cada noche turbió la dolorosa realidad con algo de vino, pero esta vez la paz que reinaba en el puerto se truncó con el sonido de un disparo .El estruendo provenía de uno de los barcos de al lado, aturdido y miedoso se acerco a examinar la zona. No vio nada extraño en las primeras embarcaciones, pero al llegar a la tercera una sombra le empujo y salió corriendo, después de unos segundos en el suelo se incorporó,  pero su vista borrosa por el impacto y los efectos del alcohol no llegó a reconocer nada. Entró en el barco y  siguió la luz del final de las escaleras del camarote que llevaban a un departamento, y allí lo vio, un hombre desangrándose en una cama. Agonizando, el herido le hizo señas para que se acercara, analizó la habitación y echó un vistazo al exterior por una de las ventanas, acto seguido con prudencia se dirigió hacia la cama, el hombre que a duras penas mantenía la consciencia intentó articular unas palabras, pero fue inútil, se desvaneció.

El día amaneció soleado, el mar calmado contrastaba con el bullicio de la ciudad de fondo. Cuando despertó la cabeza le estallaba, y se sintió desubicado en aquella habitación, con cierta torpeza buscó la cubierta del barco y respiró, era domingo, uno de los días más transitados del puerto, y eso le hizo pensar rápido. Volvió a la habitación y comprobó si aún respiraba pero pronto descubrió que ya era tarde, decidió limpiar cualquier detalle que le pudiera implicar y desparecer lo antes posible. Mientras buscaba trapos con los que secar el vino que había derramado tropezó con algo, era una bolsa negra de deporte. La tentación era tan enorme que ni siquiera dudó en abrirla, dentro había dinero, mucho dinero, cerca de cuatro millones de euros. Sus ojos se iluminaron, y  asombrado por los acontecimientos, acelero su huida de la embarcación.

 

Su aspecto dejaba mucho que desear, su rostro cansado estaba poblado por una barba generosa  y su vestimenta holgada, sucia y húmeda parecía la de un perfecto vagabundo. Estaba claro que llamaba la atención, pero no tenía muchas posibilidades así que intento actuar con la mayor naturalidad posible. Empezó a caminar mirando al frente, tenso, con las manos agarrotadas de tanto apretar la bolsa, intentando mantener la mente en blanco. Unos minutos más tarde se topó con la salida norte del puerto, se sintió algo aliviado y esbozó una media sonrisa. Después, anduvo dando vueltas por la ciudad indefinidamente, lo cierto es que no tenía un plan trazado, simplemente esperaba que pasara rápido el tiempo. 

Sus tripas rugieron, hacia ya unas horas desde que empezó la aventura y su cuerpo mermado pedía a gritos alimentarse. Conocía de sobras la ciudad, cada día la recorría en busca de un poco de dinero con el que comprar varios cartones de vino, así que no le resulto difícil encontrar una panadería por aquella zona.  Cuando se disponía a cruzar la carretera para entrar en el establecimiento, se topó con dos policías que rápidamente se apresuraron en detenerlo. Los reconoció en seguida, eran los mismos que patrullaban el puerto todas las mañanas.

          Buenos días, ¿qué hace usted tan lejos del puerto esta mañana? – le preguntó uno de ellos.

          Dando un pas..paseo  a ver qué en..encuentro. –  Su respuesta aunque rápida pareció de lo más asustada.

          Ha habido un altercado en uno de los barcos del puerto, ¿vio alguna cosa extraña ayer? ¿escuchó algún ruido?

          No, no vi na-da. 

El corazón se le aceleró y sintió como le faltaba aire. Uno de los policías no quedó muy satisfecho con las declaraciones y parecía dispuesto a llevárselo a la comisaria pero su compañero le convenció para que desistiera “es un vagabundo que nunca molesta a nadie, no sabe nada” le dijo.  Aliviado por el feliz desenlace, siguió caminando pero dos pasos más tarde la voz de uno de los guardias le volvió a reclamar. Inmóvil y de espaldas  a ellos se temió lo peor.

          Perdone, se ha dejado usted su bolsa.

          ¿ Eh? ¡Ah!  Gracias agente, muchas gracias.

Por una vez en su desgraciada existencia, la fatalidad que le había golpeado una y otra vez hasta aquel momento descanso. Se sintió liberado, despojado de una carga que le había acompañado mucho tiempo.  Con una tranquilidad mesurada volvió a recordar cosas extrañas para él, compró algo de comida y de ropa nueva, luego entró en una peluquería para afeitarse y arreglarse un poco. Cuando se dio cuenta era ya casi las seis de la tarde, el sol regalaba ya sus últimos minutos de luz,  se sentó en un banco vacio del paseo, cerró los ojos y fantaseó con la idea de buscar a María y de viajar por el mundo.  El hombre sin suerte, abatido, desamparado, sin fe,  el hombre que ya no esperaba nada, se sintió afortunado.

 

 

 

 

Yo quiero

Posted in amor, destino, inconformismo, libre, vida, voluntad on febrero 4, 2009 by Xavi

 

Que el destino se detenga

y el ritmo lo pongas tú,

que las palabras no mientan

y la noche agrande sus pasos.

 

Que palpite el corazón de las calles

y la soledad no sea impuesta,

que en el amor no haya verso impares

ni exista billete de vuelta.

 

Que soñar despierto no sea un sueño

que olvidar un poco más tarde,

que la verdad siempre tenga su propia voz

y la mentira nunca pueda escucharse.

 

Que las distancias desaparezcan

y encuentres la orilla de mi piel,

que la ciudad hable por nosotros

y por nosotros calle también.

 

Que el recuerdo evoque sentidos

pero que no nos gobierne,

que uno sepa que cuando ama

uno ama a alguien que quiere.

 

Que morir no ocupe tu tiempo

y la vida irradie tu alma,

que el olvido no te lleve al tedio

y el tedio a la desesperanza.